martes, 6 de septiembre de 2011

paseo por La Ciudad






En el recuerdo, La Ciudad, es grisácea. Las piedras son grises. Todo es gris. Cuando llueve, y llueve casi siempre, el gris de las losas de las rúas, parece plata refulgente titilando como el filo de una navaja. En ocasiones tales, La Ciudad es otra. Se diría que La Ciudad es un bosque que se va desparramando lentamente, igual que agua que se fuese esparciendo, extendiendo por las colinas dulces, por las lánguidas laderas, hasta llegar a las brañas, dejando atrás las sernas. Pero el bosque es de piedra.

Agua y piedra. También una música armoniosa que, según los días, puede ser la del batir de las campanadas mas serias que uno sea capaz de imaginar; o la del mismo batir de la lluvia contra los cristales de las galerías; o acaso la del zumbar del viento en las torres gemelas de la catedral, enormes y hermosos cipreses de un camposanto rutilante a par de las que, La Ciudad, se esparce descendiendo por las vegas o subiendo hacia los oteros; que tan en le centro del universo mundo están las torres y tan posible es toda la música que de ellas surja; como posible es que, de tan difusa como es la luz que todo lo envuelve, nunca se sepa donde termina La Ciudad y comienza el firmamento…



miércoles, 20 de julio de 2011

RINCONES DE LA VIDA



" la fotografía de paisaje es la prueba suprema del fotógrafo.
- y a menudo la suprema desilusión."

miércoles, 6 de julio de 2011

RINCONES DE LA VIDA 3


Somos dueños de nuestro destino. Somos capitanes de nuestra alma.

RINCONES DE LA VIDA 2

miércoles, 22 de junio de 2011

RINCONES DE LA VIDA


poema 1


Recuerdas niña lo bien que antes

sabíamos callarnos,

volcarnos por ejemplo aquellas tardes

sobre la barandilla fresca

y mirar a la ermita, sólo eso


Tanta fue la traición luego

de los días agotadoramente largos

que nos volvimos charlatanes, locuaces,

alegres bailarines ante el éxito de cualquier

insensata labor de vigilancia


Signos del declive ya por entonces

te hablo de los años amarillos:

una tras de otra las nueces salían negras

los melocotones ásperos olvidaron oler a melocotón

por esos días se jodió todo niña, eso pasó


Se bifurcó salivosa la trayectoria

de nuestras paciencias, todo se hizo

pequeño y tropezamos en cada esquina,

denegamos cautos nuestro derecho

a no cerrar los ojos en presencia del otro


Caímos alarmados en la cuenta

del mínimo espacio de nuestra soledad

sin rincones ni cerrojos

corrimos a comprar candados e hicimos celosías

en los vanos y arrancamos las aldabas de por fuera


Añoramos subterráneos sin accesos donde

calmar el latido de cada encuentro accidental

(no los había de otro modo),

celosamente extraños entre extraños

enloquecimos niña, eso pasó


Minuciosos escrutadores de nuestras costuras

nos rendimos sin luchar como se suele,

llamamos melancolía a lo que era

ya entonces tristeza espesa como azogue

y gritamos ante farmacias sin receta


Nos fuimos niña, eso pasó

cada uno por su lado al mismo sitio

nítido, de recintos descuadrados,

vacío de heladas y de tardes

… … … … … … … …


… … … … … … … …

recuerda aquel entonces como yo

verás que era perpetuo el silencio de los días

que éramos dioses nombrados cada víspera

que tuvimos el infinito entre las manos.


a.r.seguín





viernes, 17 de junio de 2011

ORIGEN


La primera entrada del tomo 67 de la enciclopedia Espasa es Varjalva.
[Geog., población del antiguo comitado húngaro de Torda Aranyos. Rumania. A 10 kilómetros al NE de Torverezko, en la orilla derecha del río Aranyos, afluente del Maros, perteneciente a su vez a la cuenca del Danubio... 1200 habitantes magiares y rumanos...]
Ahí nació F. Él mismo lo confesó una tarde que navegábamos entre Aguiño y la Isla de Sálvora. Me contó también que en 1982 estuvo dos semanas buscando el lugar y no dio con él, que vagó como un amnésico por aquellas montañas sin tropezarse con nadie...
Cuando desembarcamos, Sálvora estaba desierta.
El mundo envejece, le dije señalando las casas abandonadas.
Especialmente alguno de sus rincones, añadió F. sonriendo.
a.r.seguín